Gracias
al lenguaje, que expresa, representa y canaliza nuestra
capacidad simbólica, los seres humanos hemos
logrado un salto, en cuanto a aprendizaje se refiere,
y eso ha permitido que haya maestros y alumnos, líderes
y seguidores, cultura y su transmisión intra
e intergeneracional.
En
las especies sociales hay una mutua interacción
que da origen a formas distintas de aprender. La necesidad
de comunicarse para mantener una cohesión social
crea las condiciones necesarias y suficientes para el
desarrollo de nuevas formas de aprendizaje. En lo alto
de la pirámide del aprendizaje se encuentra la
capacidad de imitación, que probablemente compartamos
los humanos, grandes mimos, con otros primates y quizás
con alguna otra especie más lejanamente emparentada.
Bennett
Galef ha dedicado toda una vida de investigación
a la etología cognitiva, y dentro de ella al
aprendizaje social de los animales. Su trabajo, esencialmente
de laboratorio, ha servido para comprender mejor cómo
aprenden otras especies y qué tenemos de particular
nosotros, en eso del aprendizaje.
1.
¿Qué tipos de aprendizaje pueden observarse
en la naturaleza? ¿Qué tipos de aprendizaje
tenemos los humanos?.
Hay
dos maneras de interpretar la primera parte de su pregunta.
La primera concierne a la cuestión de en qué
clases de aprendizaje se ocupan los animales de vida
libre. Y mi respuesta sería todos los sospechosos
habituales: por habituación, condicionamiento
pavloviano, condicionamiento operante, impronta, aprendizaje
social, mejora por estímulo y local, etcétera,
y, en primates, tal vez por imitación . La segunda
manera de interpretar la primera parte de su pregunta
concierne a las clases de aprendizaje que podemos detectar
mediante la discreta observación de animales
de vida libre, y mi respuesta sería que ninguna
de las de arriba. Desafortunadamente, la experimentación
parece ser necesaria para identificar procesos de aprendizaje.
Los
humanos aprendemos de todas las maneras en que lo hacen
los animales y además, seguramente, por enseñanza,
imitación y el almacenamiento y transmisión
de información mediante el lenguaje.
2.
¿Qué es el aprendizaje social? ¿Qué
es la inteligencia social?.
El
aprendizaje social comprende la adquisición de
conducta como resultado de la interacción, bien
directamente con otros o con cambios que otros hayan
hecho en el entorno. Conlleva procesos tales como la
mejora local y la imitación. La inteligencia
social (que yo no he estudiado) supone la capacidad
de los organismos de navegar adaptativamente por sus
entornos sociales. Conlleva procesos tales como leer
las intenciones de otros, asumir el punto de vista de
otros, etc.
3.
¿Cuál es el peso de los patrones innatos
en nuestras conductas?.
No
me gusta usar el término “innato”
porque significa cosas distintas para distintas personas.
Puede hablarse, por ejemplo, de conductas que están
presentes en el nacimiento, conductas que son constantes
durante el ciclo vital o conductas que tienen gran heredabilidad,
y todo el mundo sabe lo que se quiere decir. Pero cuando
se usa el término “innato” se puede
estar hablando de algo o completamente diferente de
lo que el oyente infiere. Obviamente, los humanos tenemos
algunas conductas altamente heredables, presentes en
el nacimiento, etc. Cuán importantes sean depende
de lo que le interese a uno.
4.
¿Cómo aprendemos?.
Aprendemos
como lo lo hacen los animales, de nuestra experiencia
de interacciones con el medio, tanto físico como
social. Sin embargo, los humanos tenemos además
una capacidad para el lenguaje que incrementa inmensamente
nuestra capacidad de almacenar, transmitir y organizar
información. Por consiguiente podemos enseñar
de maneras que otros animales no pueden y somos capaces
de lo que algunos etólogos cognitivos han llamado
“la relación maestro-aprendiz”, y
podemos ejecutar en nuestras cabezas escenarios imaginarios
y usarlos para modificar nuestra conducta. Si algún
animal puede hacer tales cosas del modo en que los humanos
lo hacemos es una cuestión completamente abierta.
5.
Entre la hipótesis social y la ecológica,
¿qué explicación cree usted más
apropiada para dar cuenta del espectacular desarrollo
del cerebro en los primates, especialmente los homínidos?.
Creo
que no tenemos ni idea. La relación alométrica
entre la complejidad de la vida social de una especie
y el tamaño del cerebro no es tan grande como
para descartar otras posibilidades. Personalmente, soy
partidario de la idea de que el desarrollo del lenguaje
y el potencial que abrió tanto para la comunicación
de información sobre el entorno (tanto social
como físico) como para nuestra capacidad de manipular
representaciones (tiendo a pensar en el pensamiento
como lenguaje sin vocalización) podría
haber sido una fuerza impulsora muy importante en el
continuo desarrollo de la capacidad mental.
6.
¿Cómo se comunican entre sí los
animales? ¿Cuáles son sus señales?
¿Cuáles son sus engaños?.
Los
mecanismos de comunicación animal están
bien estudiados, así que no hay gran necesidad
de revisar aquí ese material. Sin embargo creo
que vale la pena mencionar que, mientras se ha prestado
mucha atención al papel de las señales
en la comunicación animal, el papel de los indicios
en la comunicación dentro de una especie ha sido
en gran medida ignorado. En el aprendizaje social (el
campo en el que he trabajado durante los últimos
cuarenta años) es de gran importancia la información
que es simple subproducto de una actividad en curso
(por ejemplo la presencia física de un animal
en un lugar donde hay alimento, o los sonidos que hace
un animal que extrae del suelo un tubérculo o
mastica un fruto), más bien que la información
contenida en señales que han evolucionado como
tales. Esta distinción puede ser relevante para
el “engaño” animal porque el engaño
parecería más difícil cuando la
información está contenida en indicios
que cuando está contenida en señales.
Tal vez esta desigualdad es una de las razones por las
que el aprendizaje social parece fundarse en indicios
más frecuentemente que en señales.
7.
¿Qué nivel de intencionalidad, de consciencia
y de autoconsciencia atribuiría usted a otras
especies?.
No
tengo problemas en atribuir intencionalidad a los animales,
aun a animales con sistemas nerviosos bastante simples,
porque creo que la intencionalidad se ha operacionalizado
suficientemente bien para permitir la inferencia de
que las acciones de un animal tienen el objetivo de
producir resultados específicos. No siento lo
mismo sobre la consciencia y la autoconsciencia en animales
no humanos porque no conozco ningún modo convincente
de hacerlas observables. En suma, soy creyente en la
intencionalidad en no humanos, pero agnóstico
respecto a la consciencia de los animales o su ausencia.
Me uno a H. S. Jennings (1906, La conducta de los organismos
inferiores, penúltimo capítulo) para preguntarme
si la “cuestión de la consciencia animal”
es una que la ciencia pueda responder.
8.
¿Podría contarnos algo sobre su trabajo
de laboratorio?.
He
pasado gran parte de mi carrera científica estudiando
los procesos de aprendizaje social en animales. Soy
básicamente un positivista lógico influído
por el positivismo lógico de Carl Hempel y el
trabajo de John R. Platt (Science, 1964) sobre la inferencia
fuerte. Mi trabajo de laboratorio refleja estas influencias
filosóficas. Mi objetivo ha sido plantear cuestiones
simples que surjan de hipótesis formuladas claramente,
usar diseños experimentales directos y análisis
estadísticos transparentes, proceder paso a paso,
experimento a experimento, replicando frecuentemente
efectos importantes de manera que sienta confianza en
los efectos que estudio.
9.
¿En qué trabaja ahora? ¿Cuál
es su máximo reto intelectual? ¿Cuál
el misterio que soñaría con desvelar?.
Ahora
estoy oficialmente retirado y mi laboratorio está
cerrado, pero mi último proyecto de investigación
importante (revisado en un capítulo en el próximo
número de Advances in the Study of Behavior)
consistía en usar el aprendizaje social sobre
los alimentos en ratas noruegas como un sistema empírico
en el cual poner a prueba numerosas predicciones de
modelos formales de aprendizaje social acerca de: (1)
las circunstancias en las que los animales deberían
incrementar su confianza en el aprendizaje social a
expensas del aprendizaje individual y (2) las características
de los individuos de los que se debería aprender.
En general, hallamos que nuestros datos apoyaban las
predicciones teóricas sobre las circunstancias
en las que los animales deberían confiar en el
aprendizaje social, pero no las predicciones sobre a
quién deberían copiar.
Si
pudiera saber si la cultura humana y la tradición
animal son homólogas o análogas sería
ciertamente muy feliz.